
Julio César es recordado como uno de los líderes más grandes de Roma, a pesar de que, en realidad, nunca fue emperador.
Procedía de una familia bien relacionada y, usó sus conexiones para ganar el apoyo popular, pronto ascendió a la clase senatorial. Durante un tiempo, co-gobernó Roma con Pompeyo y Crasso como el trío de cónsules llamados el Triunvirato. Durante este tiempo anexó a Francia y a Bélgica al Imperio, e hizo dos incursiones en Gran Bretaña. Entonces, luego de una larga guerra civil contra Pompeyo, se declaró a sí mismo cónsul y dictador.
Su ruina llegó cuando trató de hacer que este nombramiento temporario fuera vitalicio. Sus enemigos vieron esto como un paso atrás hacia el viejo sistema de la tiranía monárquica. El 15 de marzo del año 44 a. C., un grupo de conspiradores, liderado por Bruto y Casio, lo acuchillaron hasta la muerte en las escalinatas del senado.

Augusto, nacido Cayo Octavio, fue el heredero nombrado por el César pero esto no evitó una prolongada lucha por el poder con Marco Antonio. En el año 27 a. C., el Senado le concedió el poder legal para gobernar Roma en las cuestiones religiosas, militares y civiles, cambiando entonces su nombre Octaviano por el de Augusto. Los éxitos de Augusto fueron muchos. Trajo paz luego de años de conflicto y dio la ciudadanía a todos los italianos. Eliminó de raíz la corrupción en el gobierno y permitió obtener cargos, a los cuidadanos de clase baja. Hizo cambios en el ejército, que pasó de ser un servicio voluntario a ser una fuerza de lucha profesional. Estableció una moneda confiable, el primer sistema postal y mandó a construir muchos edificios hermosos.
Antes de morir, nombró a Tiberio como su sucesor, poniendo fin a la República para siempre.

Nerón estaba más interesado en el arte y los entretenimientos sexuales que en gobernar y, para empezar, tuvo la sensatez de poner a Roma en manos de los confiables consejeros Séneca y Burro. Pero pronto las cosas empeoraron. Luego de haber dormido con su madre, la hizo asesinar por conspirar contra él. Se permitía el pasatiempo vulgar de la actuación y las carreras de carrozas, e hizo asesinar a su esposa para poder casarse con su amante Popea (a quien más tarde mató a patadas, estando ella embarazada). Su impopularidad lo llevó a ser erróneamente culpado por el Gran Incendio de Roma del año 64 d. C. Con la corriente firmemente en su contra y una plaga de conspiraciones para deponerlo. Finalmente, Nerón se suicidó a la edad de 30 años.
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